
Te levantas un día, joven, ilusionada, sabes que tu sonrisa no está pintada, es real, lo notas, lo sientes. Recuerdas a esa ilusa atrapada entre todos y cada uno de esos recuerdos, ves esas marcas que hoy parecen desaparecer causadas por esas amargas lágrimas, hoy puedes notar que todo cambiará, que nada va a volver a ser igual.
Sus palabras ya no te dan martillazos en tu cabeza, sabes que puedes, que seguirás. Metes en el viejo cajón de la mesita situada a la derecha de tu corazón esos tristes recuerdos. Te colocas frente al espejo, coges del armario la mejor de tus sonrisas, lloras, las ataduras ya no existen, ya no te resistes.
Secándote esas lágrimas con olor a libertad te repites sin parar, que hoy y siempre podrás.
Sus palabras ya no te dan martillazos en tu cabeza, sabes que puedes, que seguirás. Metes en el viejo cajón de la mesita situada a la derecha de tu corazón esos tristes recuerdos. Te colocas frente al espejo, coges del armario la mejor de tus sonrisas, lloras, las ataduras ya no existen, ya no te resistes.
Secándote esas lágrimas con olor a libertad te repites sin parar, que hoy y siempre podrás.

0 comentarios:
Publicar un comentario