viernes, 14 de mayo de 2010

Un día .


Le despierta un soplo de aire fresco que entra por esa ventana envejecida por el paso del tiempo, le despierta en ese justo momento en el que su recuerdo aborda su pensamiento. Ese repentino despertar le trae la nostalgia de un amor frustrado por falta de expectativas, unas rotas esperanzas por aquel triste y amargo adiós.
Su mente está activa, cansada, vieja en juventud, quizás desgastada por el abuso de problemas pero ahí está, pensando en su libertad, inútil reflexión que le lleva a ese punto de no retorno.
Se levanta, se mira en el espejo, por fin ve a esa persona que tanto quería ver, le asusta y la vez le agrada, hoy se siente fuerte, capaz, sabe que podrá. Ese ser que refleja la seguridad, la satisfacción, su felicidad.
De repente rompe a llorar, quizás porque se hace una vieja pregunta, quizás porque sabe que nada volverá a ser igual, porque sabe que ya nadie lo podrá parar.

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